Como ya todos sabéis, estas navidades las pasé en Nueva York. Y por fin tengo las fotos y puedo hacer la entrada del viaje, contando cómo me fue más detalladamente. Salimos el 24 de diciembre con David, que trabaja como becario en una empresa española en Miami, desde el Aeropuerto de Fort Lauderdale, a 40 minutos de Miami. Volamos hacia Atlanta y desde allí a Nueva York, donde aterrizamos cerca de las 5 de la tarde. De ahí cogimos un autobus hasta la Estación Central y aprovechamos que estábamos en el centro para dar una vuelta por los alrededores. Y de repente me dio por mirar el reloj y vi que eran las seis de la tarde, las doce en España. Estábamos justo debajo de la torre Chrysler y de la fascinación casi se nos pasa. Sinceramente por un momento me puse nostálgico, pero me recuperé mucho más rápido de lo que me esperaba y seguimos nuestro camino hacia Times Square. La entrada en esa parte de NY fue alucinante. Muchas veces pasa que cuanto más te esperas de una ciudad, más te desilusiona, y viceversa. Me pasó con Venecia en el sentido negativo, y con Turín de forma positiva, cuando estuve de Erasmus en Italia. Pero NY supera todas las expectativas, hay que estar ahí para comprender la magnitud y lo fascinante que es esa ciudad.
Como llovía decidimos ir a casa, que estaba en Brooklyn. De camino compramos algo en el supermercado y nuestra cena de Navidad puede que parezca triste: un plato de pasta con una copa de vino. Pero a ninguno de los dos nos importó. Estábamos en Nueva York, donde de verdad es la Navidad. A las doce brindamos y a la cama, que queríamos aprovechar desde temprano para visitar al día siguiente.
Lo primero que hicimos fue ir de nuevo a Times Square, como si no nos creyésemos lo que habíamos visto la noche anterior.

De ahí seguimos paseando sin un destino muy claro, hasta que encontramos el famoso árbol de Navidad del Rockefeller Center (el de Home Alone, Solo en casa, Mi pobre angelito, etc).

Pero lo que realmente estábamos deseando ver era el Central Park, así que nos montamos en el metro y salimos para allá. Por un error de cálculos salimos en Harlem, barrio que nos habían recomendado muchas personas por representar el auténtico NY. No sabíamos hasta qué punto era seguro, pero salimos justo al lado de una estación de policía y además era la mañana de Navidad. En la calle no había nadie y los que paseaban eran sobre todo turistas.

Hasta que por fin llegamos al Central Park. Lo caminamos de punta a punta, en casi dos horas, deteniéndonos constantemente para hacernos fotos. Fue increíble, tal como me lo imaginaba o incluso mejor. Lleno de gente corriendo, rodeado de rascacielos. El auténtico pulmón de Manhattan, que además estaba nevado y con los lagos congelados. Pasear por NY es como estar en una película, pero lo del Central Park ya es demasiado.


Cuando acabamos el paseo nos fuimos a comer una hamburguesa a un hotel de cinco estrellas...una larga historia que no viene al caso. Y de ahí directo al Empire State Building para ver NY desde su punto más alto. Tras dos horas de cola (litaralmente y sin exagerar) conseguimos llegar a la cima de Manhattan desde donde teníamos vistas espectaculares.


Una vez abajo de nuevo nos montamos en un tour que te paseaba por Manhattan mostrándote las luces de la decoración navideña. Seguramente fue el momento del viaje en el que más frío pasamos porque el autobus no estaba techado. Solo de ver las fotos se me congelan las manos, y la verdad es que todo lo que nos mostraron ya lo habíamos visto paseando, así que nos lo podríamos haber ahorrado.

De ahí a casa, que el frío que pasamos lo sufrimos durante varias horas. Y al día siguiente (26/12) de pie temprano para montarnos en el barco que te pasea alrededor de la isla de Manhattan mostrándote el
skyline de la ciudad, la estatua de la libertad, etc. Ahí también pasamos mucho frío y de vez en cuando nos teníamos que meter dentro para calentarnos las manos, pero dentro tampoco se podía estar porque hacía demasiado calor...


Una vez en tierra firme decidimos ir a Wall Street a ver la Zona Cero (donde estaban las Torres Gemelas, no se ve nada ya que están las obras del nuevo edificio, la Torre de la Libertad). Estar allí fue increíble: ver la Bolsa de EEUU, el lugar donde se toman algunas de las decisiones más trascendentales día a día, ver a esos peces gordos saliendo de su trabajo, los rascacielos, el lujo, los cochazos, fue realmente espectacular y da que pensar. Ellos nos metieron en el agujero donde estamos, pero siguen viviendo como los reyes del mundo. Yo aproveché para contar cuánto dinero llevaba encima a ver si podía entrar y ganar yo también algo de dinero, jeje.

De ahí nos fuimos a atravesar el famoso puente de Brooklyn, pero como la cámara se nos quedó sin batería no hay fotos de eso. Así que a la mañana siguiente decidimos volver tanto a Wall Street (que nos había encantado) como al puente para hacer las fotos que no pudimos hacer la tarde/noche anterior.

De ahí a pasear por Broadway, donde decidimos comprar entradas para ver el musical de Mamma Mia la noche siguiente (su dinero nos costó, todo sea dicho). Y para casa, que en las calles ya había demasiada gente y costaba trabajo incluso avanzar unos cuantos pasos. Pero antes pasamos por el MoMA, el Museo de Arte Moderno de NY.


El domingo por la mañana estábamos muertos, así que nos montamos en el autbus turístico y fuimos bajando en Greenwich Village (barrio típico de NY, donde se filma Sexo en Nueva York), en el SoHo y por último en Harlem. Después comimos en Little Italy, paseamos por Chinatown (que es como estar en China) y ya nos fuimos para el musical.

Y el lunes ya solo nos quedaba por ver la ONU, edificio que parece mucho más espectacular en fotos que estando allí. Como íbamos ya con las maletas obviamente no nos dejaron entrar dentro, así que tuvimos que conformarnos con verlo desde fuera. Y de ahí al aerpuerto de La Guardia, Atlanta y Fort Lauderdale, donde nos recogió Monti pasadas las 9 de la noche.
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